viernes, 18 de julio de 2014

HOMENAJE AL DOCTOR JOSE MIGUEL AVILAN ROVIRA POR SU TRAYECTORIA

                    

 Título:

 El Dr. José Miguel Avilán Rovira: 
Premio bienal “Dr. Edmundo Vallecalle 2012¨, 
a la trayectoria Académica de la Facultad de Medicina


Autor: Dra. Claudia Antonieta Blandenier Bosson de Suárez

 Profesor Titular. Unidad de Miocardiopatías” Dr. Juan José Puigbó”
Cátedra de Cardiología. Facultad de Medicina. Universidad Central de Venezuela.


Doctores Avilán Rovira, Suárez y Muci



















Autor responsable:

Claudia BB de Suárez
Teléfono: 0212-2577656   E mail: claudia1937@gmail.com























El Dr. José Miguel Avilán Rovira: Premio bienal “Dr. Edmundo Vallecalle, 2012¨, a la trayectoria Académica de la Facultad de Medicina
“Una institución universitaria que nada nuevo aporta a la ciencia y la cultura, que permanece indiferente ante la demanda del esfuerzo creador que le plantea su ambiente natural y social y que no asume en ese sentido su responsabilidad ecuménica, languidece y vegeta dentro de una rutina esterilizadora” Francisco de Venanzi

El tres de mayo del presente año, la Asociación para el Progreso de la Investigación Universitaria de la Universidad Central de Venezuela (APIU/UCV ) expresó su reconocimiento y efusivas felicitaciones al Profesor, Dr. José Miguel Avilán Rovira por haber sido galardonado con el Premio “Dr. Edmundo Vallecalle” a la Trayectoria Académica en la Facultad de Medicina, 2012 en su V Edición, por sus más de “40 años de dedicación a la docencia e investigación universitarias, teniendo en su haber más de 200 publicaciones científicas“. De esta manera, un grupo de profesores universitarios (Consejo Directivo de la APIU) reconocieron públicamente, las extraordinarias virtudes de un hombre excepcional: el doctor Avilán como lo llamamos cariñosamente sus colegas, amigos y discípulos, los que tenemos el privilegio de recibir los consejos,  la amistad y el afecto de una persona tan extraordinariamente buena.
































Me pareció importante por su contenido, recordar las palabras de la rectora Dra. Cecilia García Arocha en su discurso, el día del otorgamiento de los premios: la Investigación Científica Básica y Aplicada, doctores “José María Vargas” y “Luis Razetti”, en su Décima Octava Edición, año 2012 y el Premio a la Trayectoria Universitaria Dr. “Edmundo Vallecalle”. En esta ocasión, la rectora, enalteció el esfuerzo de los académicos de la Facultad de Medicina de la UCV, al convertir a la máxima casa de estudio del país en una “cantera de aportes al conocimiento científico”. Para la Rectora de la UCV,” los nombres que identifican los premios que se otorgaron, confieren a estos un sentido que va más allá del reconocimiento, para transformarse en orgullo y compromiso, pues su ejemplo de vida, de docencia, de ciudadanía, se constituyen en paradigma del universitario y venezolano de excepción y obligan a ser consecuentes. El Doctor Avilán Rovira ha dejado constancia de su dedicación, perseverancia y calidad de trabajo en el área médico-sanitaria, epidemiológica y constituye un ejemplo a seguir para futuras generaciones. La UCV se enorgullece al honrar a un destacado servidor, y en medio del laberinto en que se ha convertido la vida nacional, se gratifica la institución y se sosiega nuestro espíritu al evidenciar que universitarios como el doctor Avilán Rovira, honrado con el Premio Vallecalle, constituyen importante reserva de sabiduría y moral, que hacen posible que la Universidad permanezca viva, digna”.


Decidí escribir algunas notas sobre este “gigante” de la medicina nuestra, pero cuando leí su currículum vitae, me di cuenta que era una tarea un tanto difícil por su gran extensión, sin embargo, opté por resumirlo lo más posible, especialmente en las referencias bibliográficas de sus trabajos.
 Considero que el Premio Vallecalle es solo la expresión parcial del agradecimiento que la Facultad de Medicina y el país le tiene, ya que anteriormente, la Universidad Central ya lo había premiado con la Orden José María Vargas en su primer orden (corbata) y el Ministerio de Sanidad con la ¨Cruz de Oro¨ en su primera clase, “Trabajador de Oro¨ (30 años de servicio), Orden del Mérito al Trabajo y Condecoración “Cecilio Acosta” de la Gobernación de Miranda entre otros. En realidad, estos premios son un estímulo para el que lo recibe, pero que nunca podrán compensar y representar el caudal de virtudes humanas -amabilidad, serenidad, cordialidad, don de servicio, lealtad y disponibilidad- que posee el doctor Avilán, no solo como médico, profesional especializado en estadística, docente universitario de primera categoría, sino también como excelente hijo, esposo , padre y abuelo así como amigo incondicional de muchísimas personas que lo conocieron, conocen y tratan actualmente.

Una de las cualidades más destacadas del doctor Avilán, fue y es su disciplina férrea, constancia, honestidad y perseverancia que se expresó en sus publicaciones periódicas durante toda su vida profesional hasta escribir más de 200 trabajos sobre diversos tópicos solo o acompañado de colegas calificados en los temas específicos que escribían, destacándose los temas epidemiológicos y estadísticos, clasificaciones de enfermedades y en general sobre las principales afecciones de la población venezolana. También demostró su capacidad de conocimiento histórico al escribir varias semblanzas de médicos venezolanos y extranjeros así como hechos históricos médicos de significación social. En sus artículos “Vida de la Academia y Notas Bibliográficas“ los que publica regularmente en la Gaceta médica, el doctor Avilán pone en el tapete bibliografías, discursos y temas de gran importancia académica no solo del pasado sino de actualidad1-18.
Igualmente, opino que las palabras de bienvenida que el Dr. Agüero pronunció -con motivo de la incorporación del Dr. José Miguel Avilán Rovira como Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina-, dejaron constancia de su extraordinaria trayectoria en el campo de la medicina nacional y sobretodo en la docencia universitaria e inclusive sobre su nobleza como persona. Recogimos los párrafos más importantes. Se expresó de esta manera el doctor Agüero:” 19

 “…para mí además de un honor, implica un gran placer haber sido escogido para darle la bienvenida al doctor Avilán porque en el tiempo en que lo he visto actuar, he podido calibrar sus excepcionales condiciones como médico, epidemiólogo, bioestadístico, docente; como colaborador entusiasta, eficaz, desinteresado e inmediato en las frecuentes consultas que se le hacen, sobre todo en aspectos de diseño de estudios y de validación matemática de resultados, este último aspecto indispensable hoy en investigaciones médicas de cualquier tipo…”, “Además de estos atributos relacionados con la medicina, he podido apreciar su inmensa calidad humana en su conducta ciudadana, su trato, su vida familiar, su afán infinito de agradar, colaborar y divulgar información.”




 Sigue el Dr. Agüero desglosando aspectos de la vida profesional del doctor Avilán:” En la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela se gradúa de médico cirujano en febrero de 1946, como integrante de la promoción “José María Vargas”, a quienes por razones de Estado (ausencia de médicos en zonas rurales de Venezuela), se les graduó antes de terminar el 6º año y se les eximió el requisito de la tesis doctoral; sin embargo, algunos las realizaron en el mismo año 1946 o en años ulteriores. Su inclinación hacia la salud pública y la epidemiología se hace evidente desde su etapa de estudiante de medicina, cuando al asistir a un dispensario del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, en el que se diagnosticaban y trataban enfermedades venéreas, aprecia la importancia del control de los contactos en la prevención de dichas enfermedades. Entre febrero de 1946 y marzo de 1947, labora en la población rural de Manrique, al norte del Estado Cojedes. Allí se acentúa su preocupación por los problemas sanitarios del país y publica en 1947, un trabajo titulado -Geografía médico-sanitaria de Manrique, Estado Cojedes-, en el que muestra la magnitud del poliparasitismo en esta región y la importancia de la construcción de letrinas y la educación de la comunidad, sin lo cual es poco útil la administración de medicamentos. Con este trabajo, Avilán Rovira honraba el compromiso adquirido por los integrantes de la promoción con el Ministerio de Sanidad, de -hacer un estudio médico social de cada uno de los pueblos a nuestro cuidado- según expresara en esta Academia su compañero de promoción y ulteriormente también Académico, doctor Tulio Arends, en el discurso de orden conmemorativo del cuadragésimo aniversario del fin del curso. Tanto Avilán Rovira como Arends, utilizaron como tesis doctorales sus “Estudios médicos sociales” en las zonas donde actuaron, el primero en Manrique en 1947, el segundo, en San Francisco, Estado Falcón en 1949. Fue dura esta primera etapa para los jóvenes egresados. Arends la describe con las siguientes palabras: -Vivíamos en una población de 500 habitantes, con las incomodidades inherentes a un pueblo demasiado pequeño, donde hay que acarrear el agua a lomo de bestia; gran parte de la comida tienen que mandárnosla de Coro por intermedio del camión del correo que sólo venía una vez a la semana. El hielo constituye un lujo, no existe luz eléctrica; no llega con regularidad ningún periódico; las casas de bahareque y zinc, con piso de tierra o ladrillo; al caer una pequeña lluvia queda totalmente aislado; no existe ninguna forma de esparcimiento y, en general, sus condiciones de vida son pésimas y tiene un ambiente triste y desalentador-20”




Prosigue Agüero:” Después de esta primera prueba, Avilán Rovira se desempeña, hasta 1958, como Jefe de las Unidades Sanitarias de San Carlos, Porlamar, Maturín y Ocumare del Tuy. Deja huellas escritas de sus pasos en este período, mediante una -Encuesta sanitaria en Porlamar, una descripción de -La Estación de Puericultura Distrital de Caripe- y un -Método para evaluar el trabajo de la enfermera del Distrito-. Al mismo tiempo, completa el curso de médico higienista. En marzo de 1958 es trasladado a Caracas para trabajar en la División de Epidemiología y Estadística Vital, como adjunto del gran sanitarista que fue el doctor Darío Curiel.

Sus conocimientos, su capacidad de trabajo y la experiencia adquirida, lo hacen acreedor a un programa de estudio en la Universidad Columbia, Nueva York, del cual egresa en 1961, con una Maestría en Salud Pública.


Avilán Rovira junto a compañeros de la Universidad de Columbia


Se reincorpora a la División de Epidemiología y Estadística, de la cual llegó a ser Jefe, después de la jubilación de Curiel, desde 1965 hasta 1976. En el lapso sanitario de 30 años, realiza una extensa tarea que abarca estudios sobre disentería amibiana, enfermedad de Chagas, enfermedades cardiovasculares, encefalitis equina (de la cual se ocupó intensamente y aún sigue preocupado por ella), bilharziosis, mortalidad en general y por accidentes, utilización de las camas de hospital y permanencia de los enfermos en las mismas, insuficiencia respiratoria, defectos congénitos, enfermedades crónicas y enfermedades trasmisibles. Revisa y edita con sus colaboradores, los fundamentales Anuarios de Epidemiología y Estadística Vital. Ha mantenido su interés por la clasificación de las causas de muertes, por el llenado correcto de los certificados de defunción, por la revisión, actualización y adaptación de los sistemas internacionales”…,

“En 1969, y como preparación para su incorporación a la docencia universitaria obtiene el título de Licenciado en Educación, Suma Cum Laude. Se inicia en 1972, como Instructor de la Cátedra de Medicina Preventiva y Social de la Universidad Central y asciende a profesor Titular de la misma en 1989, actualmente a dedicación exclusiva”. Su inmenso bagaje intelectual, aunado a su inquietud permanente por los problemas médicos del país, a su generosidad y a su natural propensión a colaborar, lo ha llevado a efectuar y/o participar en el análisis de muy diversos tópicos… Por supuesto, la bioestadística ha sido abordada por él en muchas ocasiones, tanto en la Gaceta Médica de Caracas, como en revistas de especialidades. Su trabajo de incorporación se ha basado en un aspecto de esta ciencia: las estadísticas de nuestra mortalidad”.

Una de las notas de la trayectoria del doctor Avilán, es que no llegó a ser experto internacional- WHO Expert Advisory Panel on health statistic - en el período 1980-1992 y luego como- WHO Expert Advisory panel on health situation and Trend Assessmen- desde 1993 a 1996- sino después de haber escalado todos los peldaños de los cargos de Salud Pública y universitarios. En pocas palabras, no fue lo que coloquialmente se denomina “un quemador de etapas” o un ¨aprovechado” como estamos últimamente acostumbrados a ver en nuestro país, “encumbrados” a quienes no merecen estar en los puestos que ocupan. Esta característica de su actuación profesional corresponde a su proceder humilde aunque no pusilánime, comprensivo pero sin dejar de corregir lo que no es correcto, ético y muy pendiente del cumplimiento de las normas de bioética especialmente en los trabajos científicos que corrige. Pudimos apreciar en el relato del doctor Agüero, los pasos dados en su trayectoria profesional, sin embargo recordaremos que antes de graduarse en 1945, el Bachiller Avilán había sido auxiliar de Venereología en el Dispensario Antivenéreo del Sur en Caracas, su ciudad natal, donde comprendió la urgente necesidad de prevención de las enfermedades de trasmisión sexual.

Al graduarse como lo explicó el doctor Agüero, trabajó como médico rural en la población de Manuel Manrique, una de las tres parroquias de la Ciudad de San Carlos, Edo Cojedes. En su estadía en esta pequeña población, se dio cuenta de la importancia de la educación sanitaria de la población para la prevención de las poliparasitemias sobre todo mediante el uso de letrinas y otras medidas higiénicas sin las cuales el tratamiento antiparasitario era ineficaz. Publicó su experiencia demostrando una gran sensibilidad social 21.
Al finalizar el primer año de servicios tuvo la oportunidad de trabajar durante un año en la Unidad Sanitaria de la ciudad de San Carlos donde se realizaban consultas de tipo preventivo. Igualmente publicó sus conclusiones sobre la prevención de enfermedades en el medio rural venezolano. Animado por sus experiencias ingresó al Curso de Médicos Higienistas en 1949.
 Después de haber sido Médico Jefe de las Unidades Sanitarias en varias ciudades del interior del país: San Carlos (Edo Cojedes), Porlamar (Edo Nueva Esparta), Maturín (Edo Monagas) y Ocumare del Tuy (Edo Miranda), se trasladó a Caracas para ocupar durante 7 años el cargo de Médico Adjunto de la División de Epidemiología del entonces Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, no sin haber antes publicado sus experiencia22-24.
Al año siguiente, fue enviado a la Universidad de Columbia en New York donde cursó estudios de epidemiología con el Dr. Gurney Clark y estadística con el Dr. John Fertig. Durante su estadía en Estados Unidos presentó trabajos sobre tópicos de medicina tropical como la Enfermedad de Chagas25, 26.


Sarita, José Miguel, Sarah y José Miguel en Nueva York



En 1961, regresó al país reanudando sus funciones como epidemiólogo a nivel nacional especialmente, sus estudios sobre estadísticas de mortalidad y clasificación de enfermedades

Entre sus labores, destacó una muy importante por las repercusiones que tuvo en la salud de la población venezolana. En 1962, el doctor Avilán siendo Médico Adjunto de la División de Epidemiología del SAS, fue asignado para el control del brote de Encefalitis Equina venezolana que se presentó durante los meses de octubre a diciembre de ese año, en una población del estado Zulia, siendo el primero de este tipo conocido en Venezuela. El brote proveniente de Colombia cobró su primera víctima en Paraguaipoa, población .localizada en la península de la Guajira, en la parroquia Guajira (antes Municipio Páez) a 32 Kms de Sinamaica. Esta zona habitada por indígenas de las etnias Wayúu y Alijunas fue la más afectada. La población de los Distritos Páez y Mara presentaron una morbilidad de 6762 casos, de los cuales, 400(5,9%) eran de tipo neurológico y 43 defunciones en menores de 15 años de edad. La epidemia se extendió hacia el sur del estado Zulia y luego hacia el oriente del país donde finalizó tres años después (1965). Este brote también tuvo graves repercusiones económicas por la mortalidad que causó entre los equinos. La población de culicíneos aumentada por las anormales condiciones climáticas (lluvias) ocurridas durante los meses epidémicos, fue estudiada, comprobándose la existencia del virus de la Encefalitis Equina Venezolana en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas(I.V.I.C.) en las especies Psorophora confinnis, Anopheles aquasalis, Aedes tarsalis y Aedes taeniorhinchus, considerado este último como el vector más importante. En 144 muestras de sangre humana, de un total de 218 remitidas, en el Instituto Nacional de Higiene, el doctor Briceño Rossi logró aislar el virus de la encefalitis equina. Para el doctor Avilán fue una experiencia inolvidable que dejó constancia en sus trabajos y presentaciones. Actualmente, todavía nos relata lo importante que fue para él, este hito en su vida de sanitarista. Recordemos que la Encefalitis Equina es una enfermedad compleja en lo que respecta a los aspectos ecológicos y climáticos así como por la diversidad de reservorios que involucra. De allí que el sistema de vigilancia epidemiológica era y es una necesidad dentro del programa de control – prevención- y el Dr. Avilán estuvo directamente involucrado como representante del Ministerio de Salud y Desarrollo Social. De su análisis profundo acerca de las causas de esta epidemia, se llegó a la conclusión que las precipitaciones pluviales ese año (1962) fueron particularmente abundantes, llegando a 1.000 mm. cifra elevada, cuando las comparó con las de los años 57 al 61,las cuales alcanzaron 500 mm. Este hecho climático permitió que hubiese una mayor cantidad de zancudos que acumularon elementos susceptibles a la enfermedad.




Por sus trabajos de investigación sobre esta epidemia, le fue otorgado el Premio Anual “Luis Razetti” de la Federación Médica en 1965. Posteriormente publicó varios trabajos sobre la epidemiología y sistema de vigilancia epidemiológica de las enfermedades transmisibles y zoonosis 27-35.
Siguiendo la trayectoria profesional del doctor Avilán, a mediados del año 1965, fue designado Jefe de la División de Estadística Vital al jubilarse la Profesora Elena de Ochoa. En este nuevo cargo de gran responsabilidad, tuvo la tarea de acopiar, procesar y publicar los datos de mortalidad, morbilidad ambulatoria y hospitalaria, natalidad y mortalidad fetal del país. Desde 1966 hasta 1979, elaboró los Anuarios de Epidemiología y Estadística vital, muchos de ellos en colaboración con los profesores Heriberto Echezuria y Bruno Jerjes Vildósola, editados en el servicio de publicaciones del Departamento de Demografía y Epidemiología 36-39.

Haciendo un paréntesis en el relato de su trayectoria, recordaremos lo que el mismo doctor Avilán recalcó en la introducción de su trabajo de ascenso para optar al escalafón de Profesor Asociado:” A pesar de sus limitaciones, las estadísticas de mortalidad continúan suministrando información muy valiosa de las principales enfermedades y lesiones para establecer un diagnóstico de la situación de salud pública en el país y orientar las actividades destinadas a su control ”, de estas reflexiones podemos deducir la importancia del trabajo del doctor Avilán.
Hacemos la acotación de que todas estas estadísticas, se hacían de acuerdo a las clasificaciones internacionales de enfermedades y conforme a las reglas que el mismo refiere, aprendió del Dr. Curiel.
En el lapso de estos años, el doctor Avilán formó parte de los fundadores de la Sociedad Venezolana de Salud Pública en 1953 así como de la Sociedad Venezolana de Médicos Higienistas en 1966, perteneciendo además a la International Epidemiological Association desde 1972, e igualmente a la Asociación Venezolana de Epidemiología (1985).
Durante su permanencia en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, sus publicaciones fueron numerosas así como las presentaciones de importantes trabajos sobre diversos tópicos epidemiológicos en Congresos nacionales e Internacionales, todos de una trascendencia social importante como: Mortalidad por cáncer en el niño; características epidemiológicas de los accidentes del hogar; la epidemia automotriz en “La ciencia Venezuela”; La necesidad de un programa para el estudio de los defectos congénitos; población, familia y bienestar humano; entre otros 40-44.En 1970 colaboró en la Comisión de Nacional de Arbovirus conjuntamente con el Dr. Henri Fossaert.
En noviembre de 1976 termina su actuación ministerial oficial cuando se acoge a su jubilación como funcionario después de 31 años de servicio ininterrumpidos.


Actuación del doctor Avilán como docente universitario:

 El Dr. Avilán es un docente por vocación, tan arraigada, que desde su juventud impartió clases en Liceos del Interior del país. Más tarde, acuciado por cumplir perfectamente con la docencia universitaria, el doctor Avilán decidió -varios años antes de ingresar a la Facultad de medicina- estudiar en la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela obteniendo la Licenciatura en Educación en 1968, con la mención Summa Cum Laude. Este hecho es otra muestra de sus excepcionales cualidades-deseo de perfección- ya que pocos docentes universitarios son licenciados en educación. A partir de 1972, el doctor Avilán comenzó su carrera docente universitaria cuando opta al cargo de Instructor en la Cátedra de Medicina Preventiva y Social de la Escuela de Medicina “Luís Razetti” a tiempo convencional, bajo la dirección del reconocido epidemiólogo, Dr. Leopoldo García Maldonado. Una vez que se jubiló de su cargo ministerial, tomó la dedicación exclusiva y desde ese momento (1976), se dedicó enteramente a la docencia e investigación. Posteriormente, el doctor Avilán ascendió optando a todos los estamentos de la carrera universitaria hasta llegar a Profesor Titular. Su labor docente fue fructífera en todos los aspectos. De allí que es un docente cabal con un conocimiento sólido y adecuado en su ejercicio. Muchísimos trabajos publicados en revistas nacionales e internacionales y sobretodo en la Gaceta Médica de Caracas, fueron y son, asesorados y corregidos por él. Así mismo, fue y es, el consultante casi obligado de tesis de especialización, de ascensos y doctorados de varias universidades e Institutos universitarios nacionales.




Ocupó la Jefatura del departamento de Medicina Preventiva y Social entre 1981-1989 y 1993-1995. Durante todos estos años, el doctor Avilán impartió clases a estudiantes de pregrado de medicina y a residentes de diversos postgrados de la Facultad de Medicina, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas y del Hospital Universitario de Caracas así como en los cursos de especialización en la Facultad de Odontología y en la Escuela de Medicina de la Universidad “Lisandro Alvarado”, sin dejar durante todo este tiempo, de publicar 45-53.
Entre 1985 y 1990, se encargó del Centro Venezolano de Clasificación de Enfermedades con motivo de la preparación de la décima revisión. Sin descuidar sus obligaciones docentes, el doctor Avilán tuvo que contribuir en las reuniones de los Directores de Centros Colaboradores de la OMS para la Clasificación Internacional de Enfermedades en varias ciudades del mundo: Buenos Aires (Argentina), Sao Paulo (Brasil), Leningrado (Rusia), Upsala (Suecia), París (Francia), Londres (Inglaterra) y ciudades de Estados Unidos como San Francisco y otras, donde presentó y publicó todas sus experiencias en ese campo 54-56.

El doctor Avilán tocó los temas médico-sociales más importantes como: la capacidad resolutiva en el ambulatorio del Hospital Universitario de Caracas, la situación de la salud en Venezuela entre 1940 y 1995, los problemas de hospitalización (permanencia en los hospitales, costos entre otros), accidentes en general, el flagelo de la violencia en nuestro medio, los problemas y características epidemiológicas de la esclerosis múltiples en Venezuela, SIDA, enfermedades del miocardio, problemas de algunas vacunas, viruela ,dengue entre otros 57-68.

Se jubiló en el año 2007 pero aun dicta clases a varios postgrados de medicina en el Hospital Universitario de Caracas y otras dependencias (2013).
 El Dr. Avilán en la Academia Nacional de Medicina:
Mientras ejercía su cargo docente, fue invitado como miembro Especial de la Academia Nacional de Medicina (1992-1994), para luego ser nombrado como Miembro Correspondiente en 1995 y en 1997, ocupar el cargo más elevado dentro de esta institución académica, como Individuo de Número, Sillón XXII. Su desempeño en la Academia fue de tal eficacia que fue elegido en el año 2001, como director de la Gaceta médica de Caracas, órgano divulgativo de la Academia Nacional de Medicina y del Congreso Venezolano de Ciencias Médicas, fundada el 13 de marzo de 1893 por el Dr. Luís Razetti. Actualmente, aun desempeña este cargo con exactitud y constancia, cualidades que son indispensables para la continuidad de una revista científica de esta gran importancia. En esta función académica, el doctor Avilán le dedica horas de trabajo intenso y desinteresado para la corrección y elección de los trabajos a publicar.



Dr.JOSE MIGUEL AVILÁN ROVIRA Y Dr. RAFAEL MUCI MENDOZA Presidente Academia Nacional de Medicina



Aspectos personales y familiares:

El Dr. José Miguel Avilán Rovira nació en Caracas el 15 de abril de 1922 en la Parroquia de Santa Rosalía, justamente cuando concluye el período presidencial de Victorino Márquez Bustillos (1915-1922) durante la dictadura de Juan Vicente Gómez. La parroquia Santa Rosalía ubicada en el centro – sur del Municipio Libertador del Distrito Capital- fue fundada el 15 de abril de 1795, después de desprenderse de la parroquia San Pablo, actualmente inexistente.
El Dr. Avilán al igual que algunos venezolanos conocidos como Luisa Cáceres de Arismendi, Armando Reverón y nuestro cardenal Jorge Urosa Savino, fue bautizado en la Iglesia de Santa Rosalía, decretada como Monumento Histórico Nacional en 1960.



JOSE MIGUEL CON SU PADRE JOSE LUIS AVILAN RODRIGUEZ


Su hijo, el Arq. José Miguel Avilán Palacios escribió:
“Nace en la Caracas de los Techos Rojos tan añorados por todos los caraqueños y por los más sensibles arquitectos de vanguardia”
 Siguiendo su relato el Arquitecto Avilán Palacios nos cuenta:
“Su padre fue Don José Luís Avilán Rodríguez, caballero de los años veinte, honorable comerciante de finas y versátiles mercancías importadas, razón por la cual viajó en búsqueda de nuevos inventos y novedades producidos en Estados Unidos, Francia, Japón así como en China durante la revolución del comienzo del siglo.” “Don José Luís casóse con la bella señorita Elena Rovira Castellá, hija de emigrantes catalanes, provenientes de Lérida y Barcelona”. La familia vivió en la Parroquia Sta. Rosalía cerca del célebre Pasaje Ramella, a una cuadra de la plaza Bolívar, donde estableció su tienda “La Nueva Casa “. Como dijera Rhazés Hernández López: ¨Era la ciudad de los años veinte, “con su Parque Carabobo, su Placita López con Cristóbal Colon; sus alegres tranvías haciendo música con sus campanas y el rítmico traqueteo desprendido de sus rieles brillantes”…



El matrimonio tuvo cinco hijos: José Miguel, Justo Armando, Manuel, Carmen Elena y Luís Alberto. La infancia transcurrió en ese ambiente de “trabajo, paz y calma “que se vivía durante esta dictadura, aunque con cierta prosperidad económica ya que la deuda externa estaba saldada y el bolívar, como moneda, era estable. En su hogar recibió una sólida educación cristiana, base de su personalidad excelente y cristiana.




Se lee en el relato del libro “De la “Casa a la ciudad: “el oro negro, estiércol del diablo, el petróleo y las concesiones explotadoras norteamericanas e inglesas. Algunos con el royalty se empiezan a enriquecer, compran los primeros automóviles Ford, el campo se acerca a la ciudad. El Paraíso se desarrollará con casas tipo Plantation House americano, arquitectura estilo Colonial Revival y Queen Anne Style. Allí en una loma más arriba de Villa Zoila, como un águila se instala la Embajada Americana  donde se mudan sólo los que tienen automóvil, los peatones por el monte, no hay aceras. Las urbanizaciones privadas se extienden hacia el Este ocupando las tierras fértiles del valle. En los años 26 y 29 se inicia San Agustín del Norte, de Roche y Arismendi, trazadas mediante el esquema de manzanas con casas adosadas con arcos mozárabes, en sintonía con la plaza de toros de El Nuevo Circo de Chataing, pensadas para la clase media y la gente que venía del campo a la ciudad, en busca de urbanidad y buenas costumbres. Se refinan las molduras, vienen las gárgolas y de las cornisas caen los aleros. Los portones, zaguanes y ventanas alojan arcos barrocos, con sus rejas de hierro forjado, vidrieras y un nuevo rococó, el tímido Art Nouveau”.

Sigue diciendo el hijo del Dr. Avilán: “Esta es la Caracas tranquila de mis abuelos y escenario de la infancia de mis padres, del sube y baja, el tranvía con asientos de tablitas, con aire limpio y frío natural. Las familias desde la estación Caño Amarillo salen los domingos muy temprano, no hay espera, a las seis sale el tren! Llegan a las once, sólo hay tiempo para los baños de Macuto, donde se aísla Reverón en busca de luz y libertad y después del almuerzo rapidito pita el tren para Caracas otra vez”.69



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Desde muy temprana edad José Miguel y su hermano Justo Armando, ingresan al colegio de Los Salesianos de Sarria, cercano a la Hacienda de su abuelito materno, Don Miguel Rovira. Ambos niños, fueron admitidos directamente en tercer grado porque venían muy preparados por su tía Rosa Rovira, en gramática y en las matemáticas, tanto así que dividían números quebrados a los 6 y 7 años de edad. Uno de sus principales pasatiempos desde niño, sería coleccionar las revistas españolas y argentinas: TBO, Billiken y Figuritas. 


                 



 Otras de sus diversiones favoritas era ir a las salas de cine para ver las películas de Chaplin, Harold Lloyd, Laurel y Hardy y el vaquero famoso Tom Mix y su caballo maravilloso Tony.





 





Posteriormente, ambos niños continuaron sus estudios primarios en las escuelas” República de Chile” y “República de Brasil” en el centro de Caracas. Los estudios de secundaria los realizaría en los Liceos Aplicación y Fermín Toro de Caracas.







 



No podemos terminar esta semblanza sin evocar a su querida y hermosa esposa, Sarah Palacios Zerpa, quien nació en el seno de una familia próspera de Zaraza, Edo. Guárico, descendiente de los Palacios de Caracas, madre del Libertador Simón Bolívar. Por circunstancias familiares, ella y su hermano Oscar crecieron en Caracas bajo la custodia de su tía Doña Paula Palacios viuda de Carrozo. Gracias a la orientación de su tía Ana Teresa (enfermera), Sarah se forma en la naciente Escuela Nacional de Enfermeras (ENE) ubicada en Cotiza. Fue una dilecta discípula de la Señorita Manola Ricart y pupila de Monseñor Juan Francisco Hernández, Párroco de la Iglesia de San José y Capellán de la ENE. 





Cuando ejercía su cargo de Enfermera supervisora del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, conocerá a José Miquel Avilán, con quien contrajo matrimonio en 1952.





 De esta unión nacieron dos hijos: Sarita, odontólogo y José Miquel, arquitecto con afinidad a la literatura, autor de artículos y libro relacionados con la problemática nacional y la arquitectura.
El Dr. Avilán tiene una nietecita, Gabriela, que siguió los pasos de su abuelo y de su padre- el doctor Rogelio D’Gregorio- en la medicina. Actualmente realiza su estadía en el Hospital Mount Sinaí de New York.








Lamentablemente, después de 57 años de feliz unión, Sarah falleció el 25 de junio de 2009. Los que tuvimos el privilegio de tratarla, nunca la olvidaremos. De ella, conocí lo que era la mística y la preparación esmerada de las primeras enfermeras de nuestro país; las circunstancias que rodearon su formación sólida dirigida al servicio del prójimo enfermo. Su noble corazón expresaba su agradecimiento a sus maestras y a Monseñor Hernández, en todas las largas conversaciones que sostuvimos.





 Para terminar, yo misma agradezco todo lo que he recibido de esta maravillosa familia y me lleno de alegría al ver que no todo está perdido en mi país. Existe mucha gente buena, trabajadora y honrada que constituyen la reserva moral nacional más importante que la del petróleo.




Agradecimientos:
Al Arq. José Miguel Avilán Palacios, sin el cual habría sido imposible desarrollar los aspectos más bellos de esta semblanza. Parte de este escrito contiene párrafos descriptivos de la vida a principios del siglo XX en nuestra ciudad de Caracas tomados de sus escritos. Agradezco su disponibilidad, amabilidad y afecto.





Referencias:
Avilán JM. Arnoldo Gabaldón. En: Dres. Claudio Aöun Soulie, Leopoldo Briceño-Iragorry, editores. Colección Razetti. Tomo X. 2010. Caracas: Editorial Ateproca. p 229-256.

Avilán JM .El pensamiento médico social del doctor Luis Razetti. En: Dres. Otto Lima Gómez, José Enrique López, editores. Colección Razetti Tomo I. Caracas: 1998. Editorial Ateproca; p123-133

Avilán JM .Palabras en el homenaje al Dr. Arnoldo Gabaldón. Sexagésimo aniversario del primer rociamiento con DDT en Venezuela. Gac Méd Caracas 2006; 114: 160-163

Avilán JM y col. Bayes en el banquillo. Editorial. Gac Méd Caracas: 2005; 113:1-2

Avilán JM y col .La intuición estadística de Pasteur y Dieulafoy. Gac Med Caracas 2003; 111: 317-322

Avilán JM .Vida de la Academia y Notas Bibliográficas. Gac Méd Caracas 2001; 109:139- 293.


Avilán JM y col .Control de la lepra en Venezuela después de más de cinco décadas de desarrollo. Rev Leprol Fontilles1999:22(2):145-162

Avilán JM .A dos siglos de la experiencia de Jenner. Gac Méd Caracas 1998; 106(4): 559-564

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Avilán Palacios José Miguel. Escritos, proyectos, obras. Delacasaalaciudad. blogspot.